Grabar una ruta de seis horas y llegar con batería
Por qué el GPS consume lo que consume, qué cambia el intervalo de muestreo y qué se puede prometer de verdad con la pantalla apagada.

Por qué consume el GPS, si solo escucha
Un receptor GNSS no pregunta nada a nadie: solo escucha. Los satélites emiten, el móvil recibe y calcula. No hay datos que enviar, y por eso funciona en mitad de la nada sin cobertura ninguna.
Lo que consume, entonces, es mantenerlo despierto: la radio del receptor encendida, el correlador buscando señales muy débiles entre el ruido y el procesador despertándose a cada posición para calcularla, guardarla y sumarla a la ruta. Un móvil moderno lo hace por poca cosa.
El problema es que el GPS casi nunca va solo. Va con la pantalla encendida enseñando el mapa, con el mapa descargando teselas por datos móviles, y con la radio del teléfono subiendo la potencia de transmisión porque en un valle no encuentra antena. Esas tres cosas juntas consumen mucho más que el receptor, y son las tres que se pueden apagar.
El número corto
En una ruta de cuatro horas, con el mapa descargado y la pantalla apagada, la grabación se lleva [MEDIR] % de batería en un [MODELO]. Con la pantalla encendida y datos móviles buscando cobertura, la misma ruta se come [MEDIR] %. La mayoría de cifras que circulan por internet salen de móviles de hace diez años: mide el tuyo una tarde y quédate con ese número, que es el único que te sirve.
El intervalo de muestreo, que es la decisión de fondo
Grabar una ruta es guardar una posición cada cierto tiempo. Cada cuánto es una decisión, y no hay una respuesta correcta: es un intercambio entre batería y fidelidad.
La trampa está en el segundo punto de la derecha. Con muestreo largo, la ruta se recorta por dentro de cada curva: en una senda revirada de montaña eso puede quitar un porcentaje apreciable de la distancia real, y encima suaviza el perfil de elevación hasta hacerlo mentir. Ahorras batería y pagas con datos peores para siempre, porque un punto que no se grabó no se recupera.
Por eso el ahorro serio no está aquí. Está en la pantalla.
Qué pasa de verdad con la pantalla apagada
La pantalla encendida a brillo alto —que es el brillo que necesitas para ver un mapa a pleno sol— consume del orden de diez veces lo que el receptor GNSS. Apagarla es, con diferencia, la palanca más grande que tienes.
Y aquí está el malentendido que hace que mucha gente camine seis horas con el móvil en la mano: pantalla apagada no es aplicación cerrada. Una app de grabación bien hecha sigue registrando con el teléfono bloqueado en el bolsillo, porque no depende de que tú la estés mirando.
Lo que la sostiene es un servicio en primer plano: un proceso que el sistema operativo se compromete a no matar mientras muestre una notificación permanente. Esa notificación que no puedes descartar no es un descuido de diseño; es literalmente lo que mantiene viva la grabación. Si una app graba sin ella, el sistema la va a dormir en cuanto bloquees la pantalla, y te vas a encontrar el track con agujeros.
Dos cosas más que conviene saber, las dos verificables en el móvil de cualquiera:
La optimización de batería puede matarte la grabación. Varios fabricantes son especialmente agresivos cerrando procesos en segundo plano. Si tu track aparece cortado justo cuando guardaste el móvil, busca la app en los ajustes de batería y ponla en «sin restricciones». Es el arreglo que resuelve nueve de cada diez tracks partidos.
El modo avión no apaga el GPS. Como el receptor solo escucha, sigue funcionando con la radio del teléfono apagada — y ahí te quitas de golpe el mayor consumo residual, que es el módem subiendo potencia para buscar una antena que no existe. La pega: sin red, el primer posicionamiento tarda más, porque el móvil no puede descargar la ayuda que le dice dónde están los satélites ahora mismo. Solución: coge el primer fix antes de salir, con cobertura, y pon el modo avión después.
El frío es la otra mitad del problema
Una batería de litio no pierde carga con el frío: pierde la capacidad de entregarla. Por debajo de cero, un móvil que marca el 40 % puede apagarse de golpe, y al calentarlo en el bolsillo vuelve a encenderse con un porcentaje parecido al que tenía. No estaba mintiendo ninguna de las dos veces.
De ahí salen tres costumbres: el móvil en un bolsillo interior, pegado al cuerpo, no en la tapa exterior de la mochila; la batería externa dentro de la mochila y no colgando fuera; y si el teléfono viene helado, deja que temple antes de enchufarlo — cargar una batería de litio muy fría la envejece de verdad.
Qué hace Suviard con esto
Suviard graba a un punto por segundo y sin filtro de distancia: registra todos los posicionamientos que llegan, incluso los de cuando estás parado. Es una decisión cara en batería y deliberada, por dos motivos. El primero, que el detalle no se recupera después. El segundo, menos obvio: si la app filtrara los puntos en el origen, «llevo dos minutos sin recibir nada» podría significar «está parado» o «el GPS se ha colgado», y son dos cosas muy distintas. Sin filtro, un silencio siempre es una avería, y la app puede reaccionar en vez de quedarse grabando una línea recta.
La grabación corre en un servicio en primer plano de tipo ubicación, con su notificación permanente y sus botones de pausar y terminar. Por eso puedes bloquear el móvil y guardarlo: para Android, la grabación sigue siendo primer plano aunque la pantalla esté negra.
Y una que se nota en los permisos: la app no pide acceso a tu ubicación en segundo plano. No le hace falta, porque la grabación siempre arranca contigo mirando la pantalla. Es un permiso menos en la lista, y una cosa menos que explicar.
Lo que no podemos hacer es ahorrarte la batería que se lleva mirar el mapa. Eso está en tu mano, y es justo lo que resuelven las cinco reglas de abajo.
Cómo llegar con batería, en la práctica
- 01Descarga el mapa de la zona antes de salir. Un mapa que se descarga sobre la marcha usa datos, radio y pantalla a la vez: es el trío más caro que existe.
- 02Coge el primer posicionamiento con cobertura, en el aparcamiento, antes de empezar. Después ya puedes cortar la red.
- 03Apaga la pantalla, no la aplicación. Comprueba que la notificación de grabación sigue ahí y guarda el móvil. Mirar el mapa cada veinte minutos no arruina nada; llevarlo encendido seis horas, sí.
- 04Modo avión si no esperas llamadas. El GPS sigue grabando. Y si prefieres estar localizable, al menos quita los datos móviles en las zonas sin cobertura.
- 05En invierno, el móvil pegado al cuerpo. Y una batería externa pequeña en la mochila: pesa 100 gramos y es la diferencia entre tener track y tener media ruta.
En resumen
El GPS no es el enemigo: escucha, calcula y consume poco. Lo caro es todo lo que le colgamos encima —la pantalla, el mapa que se descarga, la radio buscando antena— y lo caro se apaga con dos gestos antes de salir.
Bajar el muestreo para ahorrar batería es el mal negocio clásico: se recupera poca carga y se pierde para siempre el detalle de la ruta. Si necesitas más autonomía, apaga la pantalla y descarga el mapa; el track no tiene por qué pagarlo.
Y cuando revises el desnivel de esa ruta, ten presente que el GPS mide la altura por el eje en el que peor mide. Más sobre cómo trabajamos los datos, en sobre Suviard.